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Diana Taurasi brilló con UConn en la NCAA. Getty Images

EL PARTIDO FUE típico Diana Taurasi: 22 puntos, cuatro bloqueos, algunas asistencias durante la victoria 93-81 del Mercury sobre el Seattle Storm, un 1º de julio de 2009. Aquella noche, lideró una remontada que inició una carrera que concluyó con el segundo título del Mercury en la WNBA. Fue el primero en una cadena de seis triunfos al hilo que catapultó al Phoenix de ocupar el quinto puesto a finales de junio al segundo para finales de julio.

Sin embargo, fue lo ocurrido después del encuentro lo que cambió el rumbo de su vida por siempre.

Taurasi fue a un club nocturno de Phoenix para celebrar la victoria y a las 2:30 a.m. fue acusada de conducir bajo influencia extrema del alcohol, tras registrar 0.17 de contenido alcohólico en la sangre, más del doble del límite legal (.08) en el estado de Arizona.

Taurasi estaba avergonzada. Sus padres, decepcionados. Su hermana se sintió conmocionada.

“Fue un despertar”, afirma Taurasi. “Fue allí cuando de verdad empecé a cambiar la forma en la que quería vivir mi vida”.

La acusación de conducir ebria y el día siguiente que pasó en la cárcel aquel octubre fueron el punto final de una etapa en la vida de Taurasi, que la condujo hasta “la feminidad y la vida adulta”, según dice Skillern.

Taurasi tenía 26 años en aquél entonces y seguramente se creía invencible. Se encontraba justo en medio de la única temporada que le ha hecho merecedora del premio a la Más Valiosa, que terminaría con su segundo campeonato de la WNBA en tres torneos.

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Estaba justo en el momento en el que empezaba a hacer realidad las profecías de todos.

Taurasi inició su vida en la WNBA cinco años antes, como primera elegida en el draft de 2004 luego de ganar tres campeonatos nacionales con la Universidad de Connecticut. Desde el momento en el que puso pie en el campus de UConn en la población de Storrs, ya era la mejor jugadora de uno de los mejores equipos del baloncesto universitario estadounidense, según afirma Bird, dos años mayor que Taurasi.

La adolescente Taurasi era un fichaje tan importante para UConn que Bird y las jugadoras que cursaban grado superior recibieron instrucciones específicas con miras a su visita oficial de reclutamiento.

“Nos dijeron: ‘Chicas, necesitamos asegurarnos de que la pase bien. Paseen con ella”, recuerda Bird. “¿Qué entrenador colegial les dice a sus chicos que lleven a una niña a pasear? Ninguno. Sabían que ella era especial”.

Taurasi llegaba proveniente de una vida hogareña tan estricta en California que parte de la propuesta de UConn giraba en torno a mostrarle a Taurasi cómo podía ser vivir la vida por cuenta propia. Y funcionó.

El entrenador de la Universidad de Connecticut, Geno Auriemma, sentado en un sofá en su oficina en Storrs, recuerda todo con una sonrisa en su rostro.

“Nunca pregunté qué hicieron para pasarla bien”, afirma. “Nunca quise saber cómo la pasaron bien. Hasta el día de hoy, no tengo idea de cómo ‘la pasaron bien'”.

Con información de espn

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